VIAJE AL INTERIOR
Tengo hambre de tu boca, de su sabor a desierto,
de su ingravidez extrema, de sus moléculas tristes
de los límites oscuros y sensuales de tu aliento.
Me contagio del temblor de tus labios frutales.
Tengo hambre de tus ojos, expansibles, enemigos,
como auroras boreales incrustadas en mis huesos.
Me recuerdan al paisaje de los viajes siderales:
el espacio se nutre del origen gris de tu mirada.
Mis manos, que dibujaron la pendiente de tus hombros
son dos pájaros cenizos esculpidos en tu espalda,
encadenados al latir de tus pulmones paralelos.
Quiero dormir el sueño de tu frente peregrina,
conocer tus pensamientos pequeñitos como almohadas,
y despertar,sorprendida, en la orilla de tus dedos.
SOLITARIO
Si la furia traviesa de la tarde
no arrancara tus uñas de mi cuerpo,
me dormiría en el hueco de tu estómago.
La soledad me tira de la oreja
mientras destruyo el adjetivo
que convierte estas horas
en malditas.
El perfume de tu ropa es el envase
donde habitan, obedientes,
mis dos manos:
acércate a las dunas de mi aliento,
al enigma fluorescente de mis brazos,
ven,
te necesito.
Ése es el grito que la curva de mi cuerpo
lanza a la órbita terrestre de tus átomos,
implorando que convierta mis palabras
en satélites ardientes de tus ojos.
Ésa es la parábola que surge
de las tiernas ecuaciones matemáticas
que carcomen las arterias de mi carne,
que se anuncian con banderas
al hacerse crucifijo en mi garganta.
Acércate ahora que el capricho de las letras
construye un edificio en mis entrañas.
ECLIPSE
Aunque no pueda verte
sé que siempre estás ahí,
esperando, al otro lado
del perfil de mis adverbios.
Cuando escucho el sonido
de tus venas alocadas
todo el aire se hace
mariposas.
Aunque no puedo verte
estoy segura de tu cuerpo,
estoy segura de que estalla,
como el agua estalla en ondas,
cuando mi voz se sumerge
entre tus hombros
y se pone a hacer burbujas.
Aunque no puedo verte
conozco tu carácter
de satélite: recibes
la apagada sintonía
de mis huesos.
Sé que estás ahí,
-aunque todo está oscuro-
cuando tu piel esponjosa y evidente
se extiende sobre mí como una manta.
EL VIENTO
Un día llegará el viento
y tejerá tu piel con mil suspiros,
y se disfrazará de atardecer
en tus pupilas.
Un día llegará
el viento
y hará que tiemblen
los cuchillos de tus besos,
tan tiernamente grabados en mi boca.
Llegará triunfante
el viento, perfilando
los violines tensos en tu espalda,
como un
torbellino de furiosas amapolas
que decidieron deshacerse
entre mis manos.
El viento, cuando llegue,
desplegará mis labios
como dos balandros
conducidos
hasta allí donde rompen las olas
de tus hombros.
Cerraré los ojos.
Quiero amanecer
en las orillas de tu cuerpo.