ZAIBATSU

 

® Diana P. Morales Flórez

Registro Propiedad Intelectual: 04-2004-2606

 

 

La sociedad es como la religión; cuanta más fe depositas en ella, menos te defrauda .”

Libro de Hbot, Enseñanzas .

"En nuestro mundo el cielo no es azul.

Hace muchos años que el sol dejó de ser una esfera cálida, reconocible; su presencia tan sólo se intuye tras las capas de anhídrido carbónico, plomo y azufre de nuestra atmósfera agónica.

Las antiguas ciudades han sido devoradas por el avance de los desiertos, o yacen anegadas por maremotos, tormentas eléctricas, o arrasadas por huracanes. Ahora nos refugiamos dentro de las burbujas. Son zonas protegidas por el ejército y su uso está restringido a los numerados.

En nuestro mundo cada ciudad, resguardada en una burbuja, ha crecido en torno a una Compañía, a uno de los poderosos trusts que surgieron hace más de un siglo. Y cada ciudad alberga a no más de veinte millones de ciudadanos empleables por la Compañía, identificados, codificados, numerados.

Los ciudadanos vivimos en la Burbuja, que nos protege de las inclemencias de un clima extremo, del aire nocivo, de las radiaciones ultravioleta que destruyen la vida en un planeta sin ozono. Los que pertenecemos a una Compañía, estamos a salvo.

Fuera de las burbujas, el mundo se muere.

Éste es nuestro mundo."

Maya d´Hont (Visiones de realidad, Grand Jersey 2.171 DC)

PREFACIO
Lunes, 14 de Octubre de 2177

Disculpe, no sé cómo ha podido pasar. Este artículo forma parte de una colección de ensayos que aparecen en el material complementario, en realidad. Habrá visto que es antiguo, de hace 7 años.

Forma parte de mi informe.

Imagino que si está visionando este holo-film es porque usted también tiene curiosidad. Pero empezaré por presentarme: Mi nombre es Sandor Hero. Soy –era, en realidad- el numerado XE6035SW de la Burbuja de Grand Jersey, y, aunque, de hecho, ya no tiene importancia, fui subdirector técnico de la oficina de Supervisión Térmica de la Compañía durante casi diez años.

No debería estar nervioso, pero lo estoy. No es que tema por mi seguridad, creo que estoy a salvo. Al menos, ya sabe, de momento .

Solía vivir en la burbuja Grand Jersey, donde nací hace 34 años. Es la burbuja en la que sucede todo lo que aparece en mi informe, donde vi por primera vez a Clea Brun y donde comenzó todo. Realmente no sé si cosas parecidas ocurrirán también en su burbuja y averiguarlo es uno de los propósitos de este informe. Sólo en parte, claro está.

Pero me estoy desviando.

Esto es lo que quiero contarles: cómo descubrí mi mundo, que quizás también es el suyo. Y es importante que entre en detalles, insignificantes, le parecerán a usted. Y quizá lo son, pero importan, se lo aseguro. Maya d´Hont –puede que conozca su nombre, fue una reputada reportera y escritora, autora de "Visiones de Realidad"- ha sido la que me ha convencido para elaborar este informe. Dice que si los demás ven, paso por paso , todo lo que me ocurrió, los demás también podrán entender. Es decir, eso si conseguimos difundir este holofilm , una vez terminado. Y si los rectificadores no lo impiden. Imagino que también existen rectificadores donde usted vive. O tal vez se llamen de otra forma.

Le advierto que en este holofilm incluiré todo tipo de material: sobre todo estará compuesto de mis propias grabaciones sensoriales, en las que podrá seguir los días de mi vida en los que ocurrieron los hechos mientras yo iba descubriéndolos, filmaciones de la institución Reichtman (copias, por supuesto), informes sobre Clea Brun, algunos de sus escritos y poemas (los encontrará muy esclarecedores, se lo aseguro), y también artículos y ensayos de la propia Maya d´Hont, que creo que pueden servir para que comprenda lo que ocurre en nuestra burbuja, y tal vez también en la suya. La mayor parte de este material aparecerá intercalado entre la filmación que cuenta mi vida en esos días: he intentado darle una coherencia temporal (ya que la mayor parte del material lo encontré mucho después)

He dado por supuesto que sabría cómo usar el holofilm, pero tal vez no sepa. Tal vez no existan en su burbuja, o en su mundo, o donde quiera que sea que usted haya nacido. Mire: es sencillo, sólo tiene que acoplarse al ordenador central, o sea, a la red NeuroCompatible de su Burbuja y... Pero, en fin, tal vez usted no sepa acoplar en absoluto, tal vez no tiene usted PUN , quiero decir, puerto neuronal ...algunos no los tienen ni siquiera en Grand Jersey, donde prácticamente todo el trabajo tiene que estar conectado a Augusto –el ordenador central y Red NC de la ciudad. Si ése es el caso… lo hace todo más difícil, ¿sabe? Es tan sencillo entrar en el ordenador simplemente ordenándoselo a tu cerebro, buscar información, visionar holofilms, grabarlos directamente en tu memoria…

Bien: si dispone de uno de esos antiguos visores de holofilms, supongo que podrá visionarlo, de forma rudimentaria; quizá para usted será como un film antiguo, o como un libro impreso. Lo verá todo como si caminara a mi lado mientras sucede. Pero, de todas formas, lo importante es que vea.

Sólo quiero que todo el mundo vea.

 

 

UNO

" La evolución está bien para las plantas y los animales:

los seres humanos ya hemos llegado dónde teníamos previsto llegar desde el principio de los tiempos ."

Libro de Hbot, Introducción

<Material procedente de la filmación sensorial de Sandor Hero>

< 27-Enero-2.177>

<07:15 AM>

Ese día me despierto como tantos otros. Sé que mucha gente podría decir que sintió algo especial, un presentimiento, la sensación de que algo iba a cambiar su vida para siempre. Desde luego, no es mi caso.

Me levanto tan temprano como siempre, dejando a Michelle dormir un poco más (ella empieza a trabajar más tarde) y me desperezo mientras por la ventana del dormitorio contemplo la ciudad: ese amasijo de rascacielos imposibles, alzándose, orgullosos - prepotentes, incluso- hacia el oscuro cielo de la burbuja que nos protege.

Desde aquí arriba veo cómo, a ras del suelo, los ómnibus se van cruzando en silencio con monótona regularidad. Apenas hay gente en las avenidas. La poca luz solar que atraviesa el opaco techo de la Burbuja y la luz artificial de las farolas iluminan el exterior de forma tenue. Grand Jersey es una ciudad hecha para la prisa y el trabajo. Una ciudad de hoy.

“Esta jornada disfrutaremos de un día espléndido en nuestra Burbuja” – anuncia la voz suave, femenina, átona, de la emisora de La Compañía. “La temperatura oscilará entre 19º de mínima y 22º de máxima. Humedad, 64%, probabilidad de terremotos, 3'4%. Probabilidad de tormenta eléctrica: 12'04%”.

Contemplo un momento la delgada y pequeña figura de Michelle, aún dormida, enroscada sobre sí misma como un cruasán dorado y delicioso. El pelo, corto y muy rubio, la hace parecer una niña traviesa. Hace dos años que estamos casados, y ya conozco sus sonidos y sus posturas; como su manía de acariciarse el lóbulo de la oreja cuando, en algún debate público, no está segura de qué decir. Michelle es la Senadora más joven de nuestro Consejo.

Cruzo nuestro pequeño dormitorio (casi todos lo son, al menos en Grand Jersey) hasta el servicio, para mi aseo matutino. El habitáculo es diminuto, pero, eso sí, tenemos una de esas bañeras redondas que ocupa casi la mitad de la estancia –un capricho de la niñita rica que sigue siendo Michelle en el fondo. Me ducho con rapidez y, tras secarme, me enfundo un traje color oliva, que se ajusta perfectamente a mi cuerpo. “ Otro feliz amanecer para la Compañía ”- prosigue la voz de la Emisora que se escucha en todo el apartamento, en todas partes : “Nuestras acciones han subido 1,2 enteros en el último semestre ”.

Salgo al salón a tomar un café: esta habitación tiene las paredes cubiertas de pantallas y mandos de Augusto, el ordenador central de la Burbuja. Nos acoplamos a él con los PUNS o puertos neuronales, injertados en nuestro cerebelo casi desde que nacemos. Prácticamente cada ciudadano lo usa a diario. Augusto me informa enseguida de que tengo dos mensajes.

- ¿Sandor? -la voz amodorrada de Michelle llega desde el dormitorio. Siempre se medio despierta cuando me voy, aunque, para qué engañarnos: luego se vuelve a dormir un rato, de nuevo.

- En el salón -le contesto. Voy a visionar los mensajes, aunque sé que no son importantes. Son de Yukio, el coordinador jefe del equipo en el que trabajo; es un buen hombre, algo mayor. No sé cómo se las apaña, pero nunca está seguro de estar cumpliendo bien los encargos que nos manda el Consejo de la Burbuja (generalmente mediciones de contaminación y pruebas varias, sin ninguna trascendencia). La imagen de la llamada en holo se proyecta a tamaño natural, con claridad casi real.

- Hero, ya habrás visto el encargo para esta semana. De verdad, no tengo claro si se nos pide el típico informe de radiación electromagnética dañina, esa Laura firenzi, la decana de Ciencia, no deja claros los encargos- me dice la voz de Yukio. Hace mucho ruido al respirar, supongo que, como muchos ciudadanos de su edad, habrá sufrido ya varias operaciones de cáncer que, en su caso, le deben haber destrozado los pulmones. Eso le hace parecer mayor; pero no tiene aún los 50.

Cierro el mensaje sin terminarlo. Ni siquiera voy a ver el otro ¿para qué? Pobre Yuk, en realidad me da un poco de pena. Pronto voy a ocupar su cargo.

Tomo unos sorbos de café mientras escucho cómo Michelle entra en el baño. Hoy debe haber sesión del Consejo, si no, Michelle seguiría en la cama, seguro. Es una dormilona. Pongo las noticias:

“(...) hoy: reunión del Senado para discutir la Proposición Logan de Seguridad Interna ” La imagen del Senador Logan inunda nuestro pequeño salón: como es holográfica, parece que esté sentado junto a mí; incluso parece mirarme. Es un hombre huesudo, canoso, que habla con parsimonia, como muchos políticos: “ Como todos saben, mi única preocupación es la seguridad y el bienestar de los ciudadanos de la Burbuja. Creo que mi Proposición de Seguridad conlleva una serie de medidas, de muy fácil aplicación, que garantizará que el Consejo pueda tener acceso a información privada de los delincuentes, para facilitar las detenciones ”.

La voz en off de la presentadora del noticiario comenta que hay senadores en contra de esta propuesta, mientras la imagen de Logan desaparece para dejar paso a la de Michelle, muy elegante con su uniforme de senadora, y que habla a la audiencia segura de sí misma.

Yo sólo tengo que preguntarle al senador Logan: ¿Sabe usted que el índice de delincuencia está por debajo del 1,8% en estos momentos? y ¿Ignora usted que esas medidas atentarán contra la intimidad de los ciudadanos?”

- ¡Michelle! –Grito, para que me escuche desde el aseo- estás saliendo en las noticias...

Hace seis meses que la nombraron senadora, pero aún me emociono al verla en antena. La Michelle real llega al salón, cubierta sólo con una toalla, y se sienta junto a mí, justo a tiempo de oír a Logan referirse –como suele hacer- al peligro de los Inadaptados. “Y ahora, economía: las relaciones entre Grand Jersey y Montreal ...”. Bajo el volumen.

- Ese Logan me pone de los nervios- murmura Michelle, mientras toma un sorbo de mi taza de café- ¿Se me nota?

- En absoluto.- Aprovecho para rodearla con mi brazo. Huele a ducha reciente, a jabón y a esa mezcla peculiar, dulzona y sensual, que sólo consigue la colonia sobre el cuerpo de Michelle. La toalla deja al aire sus hombros y uno de sus omoplatos, en el que se destaca una pareja de lunares gemelos. Se los beso. La piel está fresca.

- ¿Por qué no nos retrasamos hoy un poco?- Le digo, aunque sé la respuesta de antemano. Es tan responsable...

Ella se ríe. Apenas aparenta sus 33 años, con esos ojos enormes, que parecen siempre burlones.

Pero San, nadie lo entendería; después de tanto tiempo de casados...Me besa tiernamente y después nos quedamos un momento abrazados. Ella me da un último beso detrás de la oreja, y se levanta para ir a vestirse.

- No te olvides las pastillas de hoy, Sandor .

-Nunca me olvido ¿no?- Siempre me está recordando que tome mis complejos vitamínicos, como a un niño pequeño- ¿Cuáles tocan hoy, princesa?

- Consúltalo tú con Augusto, San. –Me dice ella desde el dormitorio- A mí me llevaría mucho más tiempo, ya lo sabes.

Como estoy acoplado, recibo en un momento los datos de mis complejos vitamínicos y energéticos. " Rendir el doble en la mitad del tiempo es siempre más provechoso que al contrario " nos dice el Libro de Hbot. No sé por qué, muchas mañanas se me viene a la cabeza esa máxima, mientras tomo mi dosis diaria de vitalive plus y redivive .

Michelle vuelve, ya vestida en un traje de tono beige pálido, que se le ajusta perfectamente al cuerpo.

- ¿Quieres algo más de Augusto ?- le pregunto, mientras terminamos desayuno rápidamente.

- No...-responde ella- ah, sí, un momento: ¿Cuál es la previsión de lux para el viernes? Recuerda que hemos invitado a comer a la Decana de Ciencia, la Firenzi. Me gustaría que fuera un día luminoso, para variar.

- 150 lux es la previsión, princesa. Menos aún que hoy.

- Bueno, comeremos fuera entonces. En Le Parisien siempre tienen una cantidad de luz solar adecuada

Le Parisien es uno de los mejores restaurantes de la ciudad, hay colas enormes para conseguir una mesa; pero una senadora seguro que no tiene problema. Me desacoplo automáticamente y me acerco a Michelle, que se está maquillando frente al espejo de la entrada. El flequillo, aún mojado y fresco, le cae sobre la frente, casi tapándole los ojos.

- Como quieras, si quieres Le Parisien, será Le Parisien –coloco su flequillo a un lado, y le beso los párpados.- Sigo sin entender cómo puedes vivir todavía sin puerto neuronal, Michi. ¡Prácticamente estamos en el siglo 23! – Su imagen en el espejo me sonríe mientras termina de peinarse.- Ahí la tienen, señores, mírenla bien: Michelle Desir, toda una retrógrada y además, ¡senadora!... - Ella me golpea suavemente con el puño, de broma.

- Tonto... - Michelle corta la conversación, como hace habitualmente: con un beso rápido en los labios. Antes de salir del apartamento, me coge la mano.

<8´10 h>

En el ómnibus, me siento - como de costumbre- junto a uno de los grandes ventanales del vagón. Aunque fuera no hay mucha claridad, me gusta ver los pequeños intentos de espacio abierto que permite la limitada superficie de nuestra Burbuja. Alguna avenida con árboles o un parque para niños, con plantas, pájaros y un pequeño estanque. Pocas personas caminan por el exterior.

En el interior del vehículo casi todos los asientos están ocupados. El vagón es amplio y muy limpio, con el delicado olor al aire acondicionado perfumado de los edificios públicos de la Burbuja. Los asientos, alineados en tres filas, disponen de su propia mesita y con todo lo necesario para acoplarse a Augusto, el ordenador central.

Las voces de la gente que charla se mezclan con la voz de la compañía, que informa " Un nuevo ataque contra las redes ha paralizado las comunicaciones del distrito 53 durante 17 minutos " Me adormilo un poco: el vehículo va demasiado deprisa como para poder fijarse en los detalles de las personas y edificios que dejamos atrás. Además, el paisaje es tremendamente monótono en este distrito: edificios de diminutos apartamentos para operarios. De pronto, recuerdo el encargo del trabajo para hoy; en realidad, podría empezar ya. Me acoplo para llamar a la oficina.

- ¿Julie? Estaba camino de la oficina, pero, como voy en Ómnibus, he pensado que voy a empezar a tomar ya datos de radiación. Voy en el Vagón... 2113, destino al Parque Tecnológico.

El holo de la chica –que me muestra su cara- responde:

- Magnífico destino para un sub como tú – ríe. Es una chica joven, morena, de boca muy grande que no para de sonreír y ojos pícaros. Fuma con urgencia- Pensaba que elegirías el distrito del Senado, que rebosa Clase A. Yo empezaré a tomar datos en dirección al Parque Natural.

- Llama a Winston y a Pablo para que hagan lo mismo y nos vemos luego en la oficina, digamos, sobre las 10h.

Más bien a las 10,30h. Seguro que Winston no llega antes.

La imagen holográfica de Julie se desvanece. Inserto una tarjeta en la minúscula entrada de datos junto a la nuca. Comienzo a tomar datos electromagnéticos mientras que, como cada día, mi grabador sensorial filma, directamente, lo que observan mis ojos, lo que oyen mis oídos. No sé cómo antes podían conformarse con las insulsas fotografías –o con la imperfección de la memoria- para recordar las cosas.

Nos acercamos al Parque Tecnológico, que está cerca de los límites de la Burbuja; casi no hay edificios en la zona, excepto los del propio Parque. Una pareja de señores mayores disfruta del Holo de Presentación del Parque Tecnológico: visitantes. Son una plaga, pero necesaria para conseguir fondos para la investigación.

De pronto, me fijo en una chica que acaba de subir: insultantemente joven (no debe tener ni 16 años), nada exuberante, nada de trajes transparentes, como llevan hoy casi todas las jóvenes. Y a pesar de todo, es una joven de hoy, no hay duda: no hay más que ver sus ojos rasgados, chinos, y el pelo lacio, pelirrojo –como las cejas-, apenas le llega a los hombros.

Su cuerpo huesudo y flexible, aún en edad de crecer, contrasta con la tranquilidad de su mirada, y con esos hombros decididos, erguidos. Es la imagen de la ingenuidad, la frescura, no exenta de algo de arrogancia. Además, se dedica a mirar por la ventana, como yo, y se niega a mirarme, a pesar de que sabe -tiene que saber- que la estoy observando. No, no es que piense en acercarme a ella; Michelle es todo lo que necesito y no me arriesgaría a perderla.

"Próxima parada: parque Tecnológico, Avenida Gea." El vehículo se detiene suavemente. Pero las puertas se abren con un ruido metálico, inusual. La chica se vuelve sorprendida.

Yo sigo mirándola, como hipnotizado, seguro –ahora sí- de que algo va a ocurrir. Sigo mirándola. Filmándola. Mientras ella se levanta para huir. Mientras una docena de hombres de uniforme, armados, entra a tropel en el vagón. Voces. Pisadas urgentes. Alguien dispara y alcanza a la chica en el pecho. La pareja de ancianos grita.

Mierda. Me levanto para seguir mirándola.

- No se preocupen. Somos rectificadores.

- Es sólo una sospechosa.

- Somos rectificadores . No ha pasado nada. Olviden todo esto.

Arrastran el cuerpo fino de la chica por el suelo del vagón, dejando un rastro de sangre sucia, sin importarles que su cabeza se golpee varias veces con los salientes de los asientos del vagón. Ya va muerta, deduzco.

La sacan fuera, con movimientos torpes. Son hombres grandes, y muy fuertes, ¿no podrían haberla cogido en brazos? Varias personas que van a subir al ómnibus se apartan para dejar paso a los rectificadores y a su carga. Después las puertas se cierran y el ómnibus abre de nuevo su marcha. La pareja de viejos mira por la ventana el Parque, sonrientes, señalando una de las Torres Curvas que lo han hecho famoso.