(Novela orientada a lectores de entre 13-16 años. Capítulo uno y extracto del capítulo dos.)
CAPÍTULO UNO: EL DÍA DE AYER
La Tierra, 26 de Noviembre de 2059
Ali sabía que nada podía salir mal.
Silvia estaba en su puesto y Beto también. Llevaban días preparándolo, buscando la localización más adecuada para cuando se acercara el próximo tifón. Ali tardó más de una semana en diseñar el plan completo.
Mientras se ponía el chaquetón, Ali se miró al espejo y, como casi siempre, se enfadó: con el pelo corto parecía un chico, pero su madre parecía no darse cuenta y siempre se lo cortaba igual. Claro que Silvia se encargaba de recordarle su aspecto casi cada día, y a veces la llamaba Alicio, el gemelo malvado de Alicia . Para Silvia era diferente; se veía de lejos que ella era una chica, y todos los del instituto, desde luego, lo habían notado.
Ali respiró hondo y llamó a sus amigos para comprobar que todo estaba en orden.
- Todo correcto, Ali -respondió Beto, en seguida- voy camino de la posición A . Espero que el experimento no dure mucho, mañana tenemos el examen de derivadas... Oye, hay... hay mucho viento, Ali...
El ruido del vendaval se colaba por el auricular del teléfono de Beto y era difícil entenderle; en la pantalla del móvil se le veía colocándose la capucha con dificultad, por la fuerza del aire en movimiento. Ali colgó. Debían darse prisa antes de que empezara a llover.
Ali sabía, como todo el mundo tras 18 huracanes por mes, que después del primer viento llegaba la lluvia, y era entonces cuando tenías que resguardarte si no querías que el tifón te arrastrara y te golpeara contra el escaparate de una tienda de zapatos. Eso fue lo que le pasó a Fiona, la profesora de inglés.
Ali también llamó a Silvia antes de salir, para asegurarse de que todo iba según lo programado:
- ¿Estás ya junto a la parada de metro?
-Si, Alici...
El ruido del viento era demasiado fuerte, pero Ali estaba segura de que la había llamado "Alicio"; no pudo evitar reírse. Se puso el gorro, los guantes y el impermeable rojo. Por último, la mascarilla para respirar. Desde hacía tres años era obligatorio llevarla al salir de casa, por la contaminación. Se cargó la mochila a la espalda, y pensó que era una suerte que el huracán hubiera llegado tan temprano: así, con sus padres en el trabajo, no tendría que escaparse a escondidas a la calle.
Salió de su casa y bajó por las escaleras. Respiró hondo. Abrió la puerta del bloque y la fuerza del aire hizo que se tambaleara por un momento. El silbido del viento le recordó al piar de una bandada de pájaros perdidos.
Se puso la capucha del impermeable -estaba empezando a chispear- y empezó a andar por la acera. No era fácil: además de la fuerza del vendaval, que amenazaba cada momento con hacerla caer hacia un lado o hacia el otro, había muchas cosas volando que podían golpearla: hojas, ramas, cajas de cartón, bolsas de basura... Ali había llegado a ver volar una papelera, y también el tejadillo de la tienda de golosinas de la esquina, que cayó encima de un coche y lo dejó para el desguace.
Avanzaba por la calle de bloque en bloque, lentamente, apoyándose en la pared. Pronto, el chispeo se convirtió en goteo, y aún era más difícil caminar. Una persona mayor pasó a su lado, una señora que se cubría la cabeza con un plástico. Al cruzarse con Ali, le dijo:
-Vete a casa, niño. ¡Rápido!
Ali frunció el ceño. Maldita sea, otra vez "niño", vale que no tenía muchas curvas que digamos pero est... La chica dio un salto: esquivó un hierro que el viento empujaba por la acera, a ras del suelo. Por poco. Pero ya estaba a punto de llegar. A lo lejos veía el poste, la posición C: la suya. Corrió hasta allí tan rápido como pudo. Veía a gente corriendo también, pero hacia la estación de metro, que estaba cerca: Ali lo había calculado todo muy bien, y los tres puntos estaban cerca de estaciones de metro, para poder refugiarse en ellas una vez lo dejaran todo preparado.
Cuando llegó hasta el poste, Ali resbaló y el viento la arrastró medio metro. Maldita sea. Se agarró al poste y consiguió levantarse. A veinte pasos, veía a alguien haciéndole señas desde la puerta de la estación de metro. Creyó reconocer a Jack, un compañero de clase. Pero no tenía tiempo de comprobarlo.
La lluvia era ahora muy fuerte. Las gotas que caían sobre el impermeable dolían como pequeñas astillas. Ali se sentó en el suelo, con las piernas rodeando el poste para estar más segura. Así, sentada, se descolgó la mochila y sacó de ella unas sábanas: estaban anudadas entre sí, formando una larga hilera. Empezó a atar el extremo al poste, firmemente. La mochila salió volando: Ali se distrajo unos segundos viendo cómo bailaba en el aire, de un lado a otro, sin control y luego se perdía muy arriba, detrás de una hilera de bloques bajos.
Pero tenía que concentrarse: remató el nudo con toda su fuerza y empezó a andar hacia la estación de metro. Avanzaba muy despacio: el viento se había transformado en todo un vendaval y ahora diluviaba con furia. Tuvo que empezar a caminar a cuatro patas, pegada al borde de los edificios, agarrándose a lo que podía, para que el tifón no se la llevara. Ali fue contando sus pasos, para tranquilizarse. Veintiséis, veintisiete... La lluvia caía tan fuerte que apenas podía ver la estación, aunque estaba a sólo cuarenta pasos del poste. Treinta y tres, treinta y cuatro, treinta y cinco... De pronto, la violencia del vendaval le hizo girar sobre sí misma y cayó al suelo, panza arriba. El viento la arrastró y tuvo que aferrarse a algo -el borde de la acera- para no alejarse más de la estación.
- ¡Mierda!- El golpe había dolido. No quería moverse porque estaba segura de que la tormenta la arrastraría lejos. O la levantaría. Nunca había sido tan fuerte antes. Buscó la estación de metro con la mirada, pero la lluvia y el viento casi no le dejaban abrir los ojos. Estaba decidiendo cuál sería su mejor opción cuando unas manos la agarraron y la arrastraron hasta la estación.
Los brazos la metieron dentro, entre la multitud que atestaba la estación, y alguien cerró las puertas acristaladas. En el interior del edificio el aire era cálido y sólo se oía el rumor de la gente y la lluvia golpeando los cristales. Ali tosió y se apoyó contra la puerta transparente. Casi no oyó al guarda de seguridad, comentándole a la gente, con voz seca: "Esta juventud... si este chico no me convence, no voy por ella. De verdad...". Pero Ali sólo miraba por el cristal. A lo lejos, la columna de sábanas se agitaba, loca, como al son de una danza demoníaca.
Y de pronto, tal como Ali esperaba, ocurrió: la sábana se elevó con fuerza, apuntando al cielo. Tan rígida que parecía estar compitiendo con el poste. Sólo se inclinaba levemente hacia la derecha, como empujada por un dedo invisible. Ali miró el reloj: las 15,16h. Unos segundos después, según lo previsto… ahí estaba: la sábana cayó al suelo, como muerta. Por unos instantes, nada se movía ahí fuera. Incluso dejó de llover, sólo unos segundos. Ali volvió a mirar su reloj
- Las 15:17h - masculló en voz alta.
- Gracias, ya lo sabía.
Ali miró hacia arriba y vio a Jack guiñándole un ojo a Alex. Sí, sus compañeros de clase estaban ahí. Y riéndose de ella, como siempre. Al menos el larguirucho de Jack, porque, bueno, Alex se limitó a mirarla como si fuera una esquizofrénica escapada de alguna institución. Bah, no había que hacer caso. Se quitó la capucha y la mascarilla. Llamó a Silvia:
- El ojo del huracán acaba de pasar por aquí, a las 15:17 h.
- Vale, a las 15:13 h pasó junto a Beto- contestó la voz de Silvia- Lo tengo aquí ahora. 15:19h.
- Otra vez hacia el este. Siempre van hacia el este...- murmuró Ali para sí, contemplando por el cristal cómo la sábana se agitaba de nuevo violentamente bajo la lluvia.
- ¿Qué quieres decir? ¿Por qué siempre van hacia el este?- Era una señora la que había hecho la pregunta. Varias personas se inclinaron para mirar a Ali. Tenían unas caras muy raras, como si esperaran de Ali alguna respuesta genial que les ayudara. Pero, ¿que les ayudara a qué? Están asustados , pensó Ali. Tan asustados que harían caso a una cría.
-Yo...-murmuró finalmente, nerviosa- yo...
- ¿Si? Dinos lo que sea - La mujer se acercó a Ali, sólo un paso, y la chica, instintivamente, se echó hacia atrás.
- Eh, no haga caso, señora -se adelantó Jack, sonriente; la señora frunció el ceño, poco convencida- Verá, esta chica es eslovaca, sólo sabe decir unas pocas palabras y, claro, siempre dice cosas raras, ¿verdad? ¿ tistenja ? ¿ Ja bana vi stestza ?
La gente dejó súbitamente de hacerles caso. Ali se echó a reír: la imitación de eslovaco era muy mala. Pero le hizo gracia porque el propio Jack era extranjero, había nacido en Australia, y, aunque llevaba años aquí, él sí que decía cosas muy raras a veces. Dejó de reírse cuando se fijó que Alex fumaba, mirando por la ventana, ajeno a ellos.
Alguien -el vigilante de seguridad del metro- encendió una radio y escucharon las noticias: los daños, los heridos. También dieron los nombres de las ciudades que estarían a partir del día siguiente en alerta roja y debían ser evacuadas, algunas para siempre: el mar iba a cubrirlas como ya había pasado con Venecia, Cádiz, Ámsterdam y parte de Atenas.
Fuera, el ciclón empezaba a amainar y pronto podrían volver a casa. De repente Ali tuvo unas ganas terribles de volver, de sentarse en el sofá y cenar temprano, con sus padres, viendo una película. Algo la había puesto nerviosa. Las caras de la gente, quizá. Ali estaba acostumbrada a los tifones, los apagones, las tormentas de hielo y la contaminación que les impedía respirar con normalidad: las cosas eran así desde que podía recordar. Pero , pensó, tal vez esto no es lo normal .
La lluvia cesó de repente, y el sol apareció como si nada hubiese ocurrido. El guarda abrió las puertas y la gente empezó a salir. Por alguna razón, Ali no podía separar la cabeza del cristal. Aún estaba nerviosa. Al otro lado de la puerta, vio a Alex alejándose. Jack golpeó en el cristal.
-Vamos, Ivana .
Ali se dejó llevar afuera. Sólo entonces se dio cuenta de que estaba chorreando: los pantalones mojados se le pegaban al cuerpo y sus pies hacían un curioso ruido de chapoteo al andar. Empezó a temblar con el aire fresco del exterior.
Caminaron los dos en silencio, hasta la esquina, donde Alex les esperaba terminando su cigarrillo; arrojó la colilla al suelo y la apagó con un pisotón firme, sin mirar a los chicos que acababan de llegar a su lado.
- Recuérdale a Silvia que nos vemos el sábado, en la fiesta de Pablo- dijo Alex a la chica, hablando por primera vez y sin mirarla más que un segundo.
Ali asintió, con el cuerpo estremecido de frío. Se dio la vuelta y emprendió el camino a casa.
Nada más abrir la puerta, ya notó que sus padres estaban dentro y esperó la riña habitual. Su madre asomó la cabeza desde la cocina:
- ¡Por dios, Ali!- Se secó las manos en un paño y se acercó a ella- ¡Estás empapada! Vamos a cambiarte.
Cuando entraron en el cuarto de la chica, su madre la sentó en la cama y empezó a quitarle la ropa. Ali apenas se movió mientras su madre se iba y volvía con una gran toalla verde, y empezaba a frotarle el cuerpo para que entrara en calor.
- Bueno, dime ¿Qué habéis descubierto hoy?
Esto era nuevo: su madre preguntándole por su experimento, en lugar de echarle la bulla de siempre. Generalmente empezaba con algo así como: " Pero Alicia ¿no sabes que estás poniendo tu vida en peligro? " Y terminaba con: " Tienes que empezar a comportarte como una persona adulta, Alicia ". Pero hoy no había reproches. Ni nombres completos. Ali tragó saliva.
- Pues, hemos descubierto, creo... creo que los vendavales vienen del este.
- ¿Del este?
Su madre dejó de frotar y la miró con cariño. Le plantó un beso en la mejilla que Ali no comprendió. Se sintió incómoda: ya no era una niña, pero su madre no se enteraba. Sólo seguía secándole el pelo.
- Hoy tu padre ha alquilado una película, ya sabes cómo está la tele últimamente. Y tenemos tu comida favorita, pollo frito en escabeche.
- Mmm, ¿Y eso?
Su madre se encogió de hombros. De pronto, Ali recordó algo:
- Mamá, no puedo. Tengo que estudiar, mañana es el examen de derivadas y el Huesudo, o sea, Jacinto, el de Matemáticas es... bueno, es un hueso. Vamos… que tengo que estudiar.
Su madre se levantó. Abrió un cajón y le dejó un pijama sobre la cama.
- No te preocupes, mañana han suspendido las clases, por el tiempo.
- Ah
Pero en lugar de alegrarse, Ali se quedó preocupada. Otra vez sin clase, ya iban 11 días en el último mes.
- Vístete- dijo su madre mientras salía por la puerta del cuarto- empezamos a comer en seguida.
Ali terminó, se bebió un zumo de naranja que le había traído su madre ( para evitar el resfriado , solía decir) y entró en el baño. Tras enfadarse como siempre al verse en el espejo –su cara menuda, su cuerpo aún demasiado poco femenino y ese pelo tan corto, que apenas le cubría las orejas- se lavó las manos. En el comedor ya estaban sus padres, esperándola.
- Hombre, ha llegado Alicio ...- Bromeó su padre.
- ¡Eduardo! - La madre salió en su defensa, pero riéndose- No le hagas caso, estás muy bien con ese corte de pelo.
El padre asintió, mientras Ali se sentaba y empezaba a comer. La chica se dio cuenta de que nadie encendía el televisor. No le importó: ella tampoco tenía ganas de ver las noticias.
- Me ha llamado el director del instituto.- dijo de pronto su madre.
Por un momento, Ali se preocupó. Pero ¡qué tontería! No tenía porqué. Ali tenía las mejores notas de su clase.
- Sí, me ha dicho que vas muy bien.
- Pues...- Ali no supo qué decir. Bostezó: el día había sido duro.
-¿Está bueno el pollo?
La chica asintió a su madre, mientras masticaba.
- La receta es de tu abuela.- dijo su padre, sonriendo al ver la reacción de su madre.- Es broma...Y de todas formas Ali ya sabe que es tuya.
-Sí, ya lo sabía- añadió ella, riéndose. Pero su madre no estaba enfadada, también sonreía, aunque haciéndose la ofendida.
-Ali- dijo su padre, mirándola fijamente- ¿Conoces el cuento de la liebre y la tortuga?
Ali dejó el tenedor a medio camino de la boca: desde luego sus padres estaban hoy muy raros. Primero no la reñían, y ahora esto. No pudo evitar bostezar de nuevo, se caía de cansancio.
- Pues claro, papá, cómo no voy a conocerlo.
-Aha - respondió su padre, misteriosamente. Su madre comía, sin mirarles- Y dime... tengo una curiosidad, ¿Porqué crees tú que la tortuga ganaba la carrera al final?
Desde luego, esto era lo más estúpido que... Ali volvió a bostezar, estaba muerta de sueño. Apoyó el codo en la mesa y dejó caer la barbilla en su mano.
- Pues supongo que...- dejó el tenedor sobre el plato y contuvo otro bostezo- supongo que, porque era una cabezota, ¿no? Era imposible que ganara, pero ella seguía, y seguía... y...
No pudo evitar que se le cerraran los ojos. El sopor la venció de pronto y sentía el cuerpo pesado, como clavado a la mesa. Creyó sentir que alguien la cogía en brazos y la metía en una cama.
A la mañana siguiente, al igual que Jack, Alex y otros seis chicos, despertó en la nave espacial, el Estela Polaris .
Habían estado viajando, hibernados, durante cuatro años.
CAPÍTULO DOS. Ésta es la situación
Estaban todos reunidos en la sala de mando, que era también la sala de reuniones y el comedor, y la sala de visionado. El Estela Polaris tenía gravedad artificial, así que podían estar sentados alrededor de la mesa: la habitación era pequeña y estrecha, como todas las de la nave. Las paredes estaban llenas de pantallas, luces y botones de todo tipo. Habían pasado la mayor parte del "día" curioseando en la nave, conociéndose, charlando, intentando comprender la situación. Ahora habían coincidido en su segunda comida (la "cena") en la misma sala, al mismo tiempo.
Llevaban todos puesto el uniforme que encontraron junto a las cápsulas de hibernación al despertar. El de Ali llevaba impreso la palabra "capitán": se miró reflejada en el cristal de la puerta. Era increíble, se suponía que habían pasado varios años y no había crecido ni un milímetro, por ninguna parte . ¡Ni siquiera el pelo!
Habían terminado de comer -una pasta que sabía a pollo- y nadie hablaba. Todos se miraban unos a otros, como esperando algo.
-Bueno- dijo la chica rubia y arisca, Emma, que se había enfrentado a Ali el día anterior- ¿No tiene nada que decirnos la capitana ?
Todos la miraron y ella no pudo evitar ponerse colorada. No tenía ni idea de qué decir.
- Yo sé lo mismo que vosotros...-murmuró finalmente.
-¿Qué ha dicho?- Preguntó una de las chicas, la de rasgos chinos, Mai.
-Dice que sabe lo mismo que nosotros- respondió Jack.
-Pero...- dijo Loren, el mayor- eso no tiene sentido. Tienes que tener, no sé, instrucciones o algo ¿no?
-¿Y tú que dices, guapo?- Mai sonrió a Alex, que la ignoró para decir:
- Si la han nombrado capitana será por algo.
- Sí, por enchufe- contestó Emma.
-¿Enchufe? ¿Por qué? ¿De quién es hija?- preguntó el Bicho, echándose hacia atrás en su asiento y apoyando las piernas en la mesa. Era un chico huesudo de cara simpática.
-Algún pez gordo, seguro: tiene cara de niña mimada- continuó Mai.
-Eh - Jack se puso serio.
-Bueno, ya está bien- dijo Loren y se levantó; no sólo era el de mayor edad, sino también el más alto y fuerte de los chicos, y tanto su voz como su aspecto imponía un cierto respeto- Estamos juntos en esto, ¿vale?
-Eso- dijo Ro, la chica rellenita, que miró a Ali con toda la simpatía de sus enormes ojos. Alex jugueteaba con un bolígrafo, sin mirar a nadie.
Ali sentía el corazón latiéndole violentamente: sabía que debía decir algo, todos lo esperaban. Apretó los puños porque las manos le temblaban un poco. Tragó saliva antes de hablar:
-Ésta es la situación:
La carcajada de Emma la interrumpió.
-¡Pero si habla como el capitán Kirk, el de las viejas películas de Star Trek!- algunos (el Bicho, Mai...) se rieron tontamente- Y miradla, yo creo que tiene hasta un ligero parecido, ¿no?
Ali se levantó, azorada.
- Emma, hemos dicho que… - Pero antes de que Loren terminara de hablar, Ali salió de la habitación. Jack y Ro se levantaron, y ésta última salió detrás de Ali. La encontró al otro lado del pasillo, en el dormitorio de las chicas, sentada en uno de los camastros. Respiraba con dificultad.
-¿Estás bien?- Le preguntó Ro, acercándose y sentándose junto a ella. La agarró de la mano.
Ali asintió, no quería llorar, aunque llevaba aguantándose desde que se despertó esa mañana. Había esperado que todo fuera solamente una pesadilla.
- No hagas caso a esa estúpida de Emma- continuó Ro- Las guapitas de cara siempre son iguales: tontas del culo.
Las dos rieron y Ali se sintió mejor.
-¿Qué ibas a decir antes de... en fin... qué ibas a decir?- preguntó Ro.
Ali tomó aire, más relajada.
- Que volviéramos a ver la grabación que nos han dejado. Esta mañana estábamos alucinando, seguro que no nos hemos enterado ni de la mitad.
Ro asintió. Se levantó y tiró de Ali.
-Vamos.
Ali la siguió a regañadientes, ¿qué iba a hacer? No podía esconderse de todos ellos, al menos en una nave tan pequeña. Volvieron a la sala, a tiempo de escuchar a Loren.
-... todos estamos nerviosos y es normal. Pero es importante que nos ayudemos, ¿vale? No podemos...
-Ali dice -le interrumpió Ro- que veamos otra vez la grabación. Que esta mañana seguro que se nos pasaron cosas.
- Y podríamos tomar notas.-añadió Ali, en voz más bien baja. Alex levantó la cabeza para mirarla y la chica se giró hacia Loren.
Éste asintió y se acercó a la pantalla más grande que había en las paredes. Nadie dijo nada. El Bicho cogió folios de un montón que había en la repisa junto a él, y bolígrafos. Se los repartieron, mientras Ali y Ro volvían a sus sitios. Cuando Loren pulsó play , apareció la misma imagen que habían visto el día anterior: un señor alto y muy delgado, con una bata de la NASA, sentado tras una mesa blanca. Hablaba con un ligerísimo acento.
" Hola " decía, mirando a la cámara, como si pudiese de verdad verles las caras- " sé que estáis sorprendidos y... asustados. Es normal. No os preocupéis: vuestra familia está bien, saben donde estáis y han dado su consentimiento para vuestro viaje "
La cámara giraba a la derecha mostrando la variopinta colección de padres que miraban hacia el objetivo, sentados en dos sofás y algunas sillas, sonrientes y ansiosos. Se notaba que algunos habían llorado. De nuevo, volvía a aparecer el señor alto:
" Soy el doctor Jameson, trabajo para la NASA y para la Agencia Espacial Europea. Voy a empezar por el principio. Como sabéis, desde hace algunos años, la situación del planeta es cada vez peor. La contaminación, el efecto invernadero que ha empezado a derretir los casquetes polares....todo esto ha alterado bruscamente el clima y ahora... la situación es crítica. No vamos a buscar excusas, sabemos que es culpa nuestra ."
- La habéis cagado...- murmuró el Bicho, rabioso, como sin Jameson pudiera oírles.
-Shhsh- chistó alguien.
" No sabemos cómo puede acabar todo. Puede que... que la misma existencia de la raza humana esté en peligro. Por eso hace dos años que comenzamos con las misiones Exodus. La vuestra es la Exodus 17. Eso quiere decir que, antes de vosotros, lanzamos otras naves, parecidas a la vuestra, con ocho chicos dentro, parecidos a vosotros, de muchas partes del mundo. Queríamos gente joven..."
Algunos de los chavales se miraron unos a otros. Como el día anterior, todos pensaron que por lo menos era un consuelo saber que no estaban solos en esto.
" Desde el principio se decidió que el destino de esas naves debería ser Marte; es el planeta más parecido a la Tierra, el único en el que una colonia humana podría tener posibilidades de sobrevivir.
Cuando comenzamos estas expediciones, las condiciones climatológicas eran mejores y teníamos tiempo de hacer una buena selección de chicos, e incluso de entrenarles unas semanas antes de partir. Últimamente..." Jameson agachó la cabeza para volver a mirar a cámara unos segundos más tarde "Últimamente no hemos podido hacerlo. Seleccionamos chicos de un mismo colegio, escogido al azar. Buscamos alumnos que reúnan un cierto perfil, que conformen un buen equipo, con el tiempo que tenemos. Y a veces, como a vosotros, os tenemos que enviar sin tiempo para nada. En Marte estamos preparando una estación espacial. Si todo ha ido bien, debéis haber estado durmiendo durante... cuatro años "
Al igual que unas horas antes, algunos chicos dejaron escapar un "mierda" o "maldita sea". Ali lo entendió perfectamente: en el fondo, también ella deseaba haber entendido mal la grabación.
" Pero físicamente tenéis la misma edad que cuando salisteis, porque habéis estado hibernados, casi congelados. " continuó Jameson: " Llegaréis a la estación en construcción, la estación Nébula, en un mes, aproximadamente. Hasta entonces, tendréis tiempo de haceros a la idea y empezar a conoceros " La cámara volvía a los padres, que saludaban como si estuvieran viendo partir a sus hijos en un barco. Alguno -como el padre de Ali- lanzó un beso.
- ¿Y bien? -preguntó impaciente Emma. Loren se adelantó a parar la grabación.
- No- dijo Alex, y detuvo a Loren- Espera un momento.
Después de unos segundos que parecieron eternos, con más saludos de padres, la imagen volvió a Jameson.
" Bien, para empezar a trabajar..."
- ¡Esto no lo vimos por la mañana!- exclamó Jack- ¡Estamos tontos!
- Shhh -dijo Mai, y luego a Loren- Rebobina, anda.
Loren le hizo caso y volvieron a cuando Jameson volvía a hablar de nuevo.
" Bien, para empezar a trabajar tenéis mucho material en el ordenador de a bordo. Tenéis cuatro terminales, así que podréis usarlo hasta cuatro personas a la vez. Tenéis información sobre la misión, sobre el viaje, sobre la nave... vais a tener que aprender algunas cosas para ayudar a aterrizar la nave. Y el capitán y el segundo de a bordo deben usar el ordenador de la cabina. Es posible que desde ya podáis comunicaros con la estación, aunque tardarán un tiempo en responder. También en el ordenador tenéis información de cómo hacerlo. Además, lleváis un archivo de información sobre... en fin, sobre la humanidad: historia, literatura, ciencia, música, arte, filosofía...queremos gente culta, allá en Marte. “Jameson juntó las manos sobre la mesa y les sonrió: " Buena suerte. Estamos orgullosos de vosotros "
La grabación se detuvo. Sólo se oía la respiración de todos; estaban nerviosos. Ro se secó unas lágrimas. Ali miró a Alex de reojo... el chico apretaba la mandíbula, contemplando la pantalla en negro.
Loren se levantó y la cogió por el hombro. Con la cabeza le indicó que fueran a la cabina. Antes de salir, se dirigió a los demás.
-Ya habéis oído. Ahí tenéis los ordenadores.
- Sí, estamos emocionados con la idea...- masculló Emma.
- Nos encanta estudiar- apuntilló el Bicho, con un gesto burlón. Hizo un ovillo con su folio en blanco y lo arrojó sobre la mesa.
Cuando Ali y Loren se dieron la vuelta todos seguían sin moverse.
La cabina era tan estrecha como todas las salas de la nave: era una de las pocas salas que tenía un ventanuco al exterior. Ali se mareó al contemplar la inmensidad del espacio, las estrellas lejanas, que estaban por todas partes y no se acababan nunca; se tambaleó.
-Siéntate- Loren hizo lo propio y ambos se acomodaron en los dos asientos de la cabina. Ali se concentró en estudiar lo que tenía ante sí: una marasma de botones, luces e indicadores absurdos, algunas pantallas y la terminal del ordenador. Estaba encendida. Empezó a ojear las carpetas de archivos que había guardados en la memoria del ordenador.
- Parece que está todo- dijo Loren. Y en verdad lo parecía: había una carpeta con el nombre de casi cada disciplina científica: matemáticas, física básica, astrofísica, aeronáutica... Además de otras que claramente eran manuales de instrucciones: pilotar una nave espacial, calcular tu posición en el espacio, el aterrizaje...
-¿Y ésta?- Preguntó Ali de repente, fijándose en una que se llamaba "Tripulación". Se miraron, con una súbita intuición: Ali hizo doble clic y aparecieron carpetas con los nombres de los ocho chicos de la nave.
-Abre una- sugirió Loren. Y luego aclaró- Abre la mía.
Al intentarlo, apareció una ventana que reclamaba una contraseña para entrar. Con las otras carpetas ocurría lo mismo.
- Mierda- exclamó Ali.
-No puede ser. Está claro que quieren que las veamos, por eso nos han mandado a este ordenador a ti y a mí. Piensa en algo.
Ali introdujo su fecha de nacimiento. Nada.
-Pon la mía- dijo Loren.
Lo intentaron, pero nada.
-Debe ser algo más personal que eso, la fecha de nacimiento puede averiguarla cualquiera. -aventuró Loren.
-Ah, espera- dijo Ali, y rápidamente tecleó "Alicio". Pero el ordenador seguía pidiendo una contraseña.
-¿Alicio? ¿Y eso?
Ali bajó la cabeza.
- Así me llamaba mi padre; ya sabes, con el pelo tan corto parezco un chico.
-¡Qué tontería! - dijo Loren y resopló.
Ali frunció el ceño intentando pensar en algo, en alguna palabra clave.
-Ya lo tengo...- y rápidamente tecleó "tortuga". Esta vez sí, la carpeta se abrió. Ali miró a Loren de reojo y sólo añadió- Otro día te explico lo de la tortuga...
-Tú mandas...
Ante ellos había una completísima ficha de Loren, con su foto: fecha de nacimiento, enfermedades infantiles, todas sus calificaciones desde primaria. También las observaciones de los profesores las semanas previas al lanzamiento: "Muy social. Atento a los detalles. Un líder nato. Bueno en ciencias aplicadas. Camina siempre sobre seguro, no va a tomar iniciativas arriesgadas."
- Veamos los demás- sugirió él. Todas las fichas se abrían con la misma contraseña.
- Tomemos notas, creo que tenemos que hacer algo con esto- añadió Ali.
Fue divertido curiosear en las fichas, y, sobre todo, ver las fotografías que les habían sacado en el instituto, al comienzo del último curso: Emma, seria y peripuesta; Ro, sonriendo a la cámara y Mai guiñando un ojo. El Bicho, mirando hacia otro lado, como si no fuera con él. Ali muy pálida, como asustada y Loren cuadrando la mandíbula, en un gesto de decisión. Jack, divertido; seguramente bromeando con el fotógrafo. Alex, grave y sereno, casi atravesando el objetivo con la mirada; el pelo oscuro le tapaba una ceja.
Al cabo de un rato, habían escrito en un papel una lista de las habilidades en las que sobresalían todos ellos y también algunas de sus limitaciones o defectos recopilados por los profesores. Leyeron:
Loren : Muy social. Atento a los detalles. Un líder nato. Bueno en ciencias aplicadas. Camina siempre sobre seguro, no va a tomar iniciativas arriesgadas
Ali : Muy buena organizadora, imaginativa y audaz. Tiene intuición científica, le falta confianza en sí misma.
Emma : Es un genio de la informática: pero tiene problemas para relacionarse, parece que se entiende mejor con las máquinas que con las personas. Muy inteligente.
Ro : Buenas calificaciones. Positiva y entusiasta. Muy buena en matemáticas y en ciencias abstractas.
Mai : Buenas notas, atenta, dispuesta. Jefa de las girl-scouts.
Jack : Excelente comunicador, muy bueno en lenguas e idiomas. También en física. Es un corredor de fondo, no se rinde. A veces tiene la cabeza a pájaros.
Fernando (Bicho ): Es indisciplinado y difícil de tratar. Pero sabe salir de los apuros, es un buscavidas. A pesar de suspender la mayoría de las asignaturas, es sorprendentemente bueno en matemáticas.
Alex : Buenas calificaciones, extremadamente inteligente. Perfeccionista hasta la obsesión. Muy creativo; extravagante y poco sociable.
- Bien- dijo finalmente Loren- Tú eres la organizadora, ¿no? ¿Qué hacemos con esto?
Ali pensó un momento, repasando los nombres
- Dividámoslos en parejas, y les asignamos una tarea- Y luego, en voz más baja- Así no se volverán locos, por lo menos.
- Vale.
- Tú con Emma.
- ¿La tigresa? Ah, no, ni hablar.
- Loren, tú eres el más sociable, y ya has visto que esta chica tiene un problema.
- Pues con Jack, "excelente comunicador" ¿recuerdas?
- No sé. Creo que habría que mezclar a los más científicos con los menos.
Loren se quedó pensativo unos momentos.
- Bueno, la tigresa se lleva bien con Mai, parece. Por cierto, ¿para qué la habrán mandado? "Jefa de las girl-scouts" ¿De qué va a servirnos eso? No veo que haya que encender ninguna hoguera por aquí...
Ali se encogió de hombros y se sonrió.
- Vale-dijo al cabo de unos segundos- Emma con Mai. Tú, entonces, con Alex.
Loren asintió. y terminó las parejas.
- El Bicho con Ro, se la ve muy simpática y seguro que se llevará bien con cualquiera, hasta con este freak . Y tú con Jack.
Estuvieron un rato discutiendo sobre las diferentes tareas y decidieron cuáles eran las prioritarias, para asignarlas a cada pareja. Al rato, volvieron a la sala de mandos, donde algunos habían empezado a curiosear y habían descubierto una enciclopedia digital: decenas de cd´s con información de todo tipo, tal como había dicho el hombre de la NASA.
Loren se sentó y los demás le imitaron rápidamente. Desde luego , pensó Ali, con Loren han acertado: la gente le sigue enseguida.
- Hemos empezado a ordenar las tareas, y hemos pensado quién podría empezar a llevarlas a cabo.
- ¿Y tenemos que obedeceros?- preguntó el Bicho.
Ali negó con la cabeza: ya habían hablado de eso Loren y ella.
-Esto es una propuesta- respondió- La discutimos: si nos parece bien a la mayoría, adelante. Si no, ya veremos lo que hacemos.
- ¿De acuerdo?- preguntó Loren. Nadie respondió, algunos asintieron- Vale. Hemos pensado que Jack y Ali empiecen a intentar comunicarse con la estación Nébula . Ro y el Bicho deben estudiar nuestra posición, a ver si de verdad estamos donde se supone que tenemos que estar. Mai y Emma estudiarán cómo pilotar la nave y Alex y yo, recopilaremos toda la información que vamos a necesitar saber allí, para ponernos al día.
Todos se quedaron en silencio, cada cuál mirando a la persona con la que le había tocado trabajar. Jack sonrió a Ali; Emma y Mai se alegraron; los demás, aunque se miraban con recelo, parecían dispuestos a seguir adelante.
- Bueno- concluyó Loren- empezaremos mañana.
Un par de horas después Ali aún no había conseguido dormirse. Oía a sus compañeras respirando en la placidez del sueño, y hacía rato que no llegaban murmullos de la habitación de los chicos. Sólo de sentirse en el vacío del espacio, con ese silencio que inundaba los estrechos compartimentos de la nave, Ali se acongojó. No podía quedarse allí, a oscuras.
Se levantó y salió al pasillo: el suelo metálico estaba frío. Dejó atrás la habitación de los chicos, donde todos descansaban ya, y la sala de mandos. Entró a la cabina, pero no se sentó. Fue directamente a mirar por el ventanuco: la sensación de vacío aumentó, tanto que tuvo que agarrarse a uno de los salientes de la pared y apoyarse en el brazo del sillón de capitán para poder seguir mirando.
Se acordó de sus padres, de Beto, de Silvia. ¿Estarían bien todos? ¿Seguiría su casa en pie o estaría bajo el agua? Cuatro años era mucho tiempo. La imagen de su dormitorio con sus posters manga en el fondo del mar la mareó. Sentía las mejillas ardiendo, y tardó un rato en darse cuenta de que estaba llorando. Entonces se dejó llevar, y sollozó con ganas: se había aguantado demasiado.
-Eh
La voz la sobresaltó. (...)